21 de agosto de 2016

Pin pan pun


Hace unos días a muchas personas nos shockeó la inesperada noticia del fallecimiento del irreverente escritor caraqueño Alejandro Rebolledo. El era alguien a quien consideraba una referencia de esa generación  absurda y decadente de la década de los 90's en la ciudad del caos (Caracas).
Quizás no encuentres un articulo sobre el en Wikipedia, tal vez ni te suene el nombre pero el carajo hizo de su vida lo que se le antojó. Escribió un libro que ahora es de culto, llamado "Pin, pan, pun" (publicado en el año 98), fue un DJ solicitado en la movida nocturna de esa época y además uno de los fundadores del  ultra famoso semanario URBE (que retrató perfectamente a la juventud y sus tendencias btw)Y no solo eso, también fue una persona que describió la idiosincrasia del venezolano de una forma MUY particular:

 “Somos un carite frito que yace picado en dos, como tablero de ajedrez, en una pollera de techo de zinc, neón y un ventilador del año 73. Somos un cohete que viaja con gasolina de 87 hacia ningún lugar. Una niñita andrógina que perdió a su mamá en un diluvio, que llora cuando ve televisión y que tiene un tío con una bodega en San Casimiro. Un recuerdo, una mentira, un Ford LTD y un suspiro. Somos un bigote, negro y espeso, que lee Todo en Domingo y que sueña con días más bonitos y almidonados: Valentina Quintero, una mozzarela de búfala y la esperanza de irse, algún día, a vivir a Miami”.




Hoy le dedico estas lineas de mi espacio a ese pana que dejó una huella en toda una generación de carajitos venezolanos, que sin querer queriendo dejó un legado en nuestra decadente sociedad. 

Ya nos dejó, pero así es la vida, se va en un abrir y cerrar de ojos, 
¡Se va en un pin, pan, pun




3 de agosto de 2016

All my lovers



El escrito que leerán a continuación está basado en esta canción 

All my lovers were there with me
All my past and futures…
Y me miraban, me rodeaban
Inundaban mi cerebro y mi corazón
Sus rostros, su cabello, sus manos me tocaban otra vez
Sus labios probaban de nuevo cada centímetro de mí
(Al mismo tiempo)
No había nada que temer
No dudaba de sus sentimientos ni sus deseos
(Por primera vez)
Todos y cada uno de ellos
Los que estuvieron-los que se fueron-
Los que aún no habían llegado
Todos estaban allí. Junto a mí.
Sin historias, sin rencor
Y para ellos yo era como una epifanía, casi sobrenatural.

Mirábamos la luna, nos embriagamos
 Nos perdíamos en las estrellas
Y era alucinante, no existía el tiempo ni el espacio
Nunca había experimentado una sensación tan dulce,
Y al final o casi al final
Entramos en una pirámide…
Una de la cual nunca más volvimos a salir…


Verónica Tapia
Junio, 2016.