12 de junio de 2017

A un mes de tu partida.

Hasta luego, mi viejo.

Te fuiste en una lluviosa tarde de mayo. Tu partida fue absolutamente inesperada para todos, principalmente para mí. Tan solo el día anterior te escuché cantar alegremente -como siempre lo hacías-, incluso, diste unos jocosos pasos de baile, con los que bromeé y reímos. También pudiste saciar tus antojos de comer merey (¡Eras muy antojoso!) y estabas planeando lo que haríamos la semana siguiente, entre otras cosas, comer pescado frito en el restaurant de mi primo. Así eras papi.

 Siempre te caracterizó tu buen ánimo, tus planes, tu alegría, tu fuerza de voluntad. Parecías invencible. Personalmente creí que tu paso por la tierra sería mucho más longevo, pues realmente nada parecía doblegarte. Jamás te enfermabas y eras muy activo. Recuerdo que siempre nos decías que “no te arropabas con la enfermedad”, y fue verdad, viejo, me consta de qué manera disfrutaste tu vida, pero siempre dedicado a tu familia.

 Pude ver a través de los años como te dabas todos los gustos que querías (a pesar de la diabetes), bien lo dijo Gustavo, “la comida te era muy sabrosa y no sabías medirte”. En realidad, nunca pudiste hacerlo, ni siquiera en tus días de gravedad, que, afortunadamente fueron pocos.
               Desde pequeña pude notar que eras el alma de las fiestas, mucho más cuando me hice adolescente y comencé hacer reuniones en casa con mis amigos de bachillerato, ellos siempre se rieron contigo y tus ocurrencias; incluso me enteré hace días que a una de ellas le enseñaste a bailar, pero a mí no, pues era “rockera” y nada de eso me gustaba, de hecho, ¿Te acuerdas cuando me invitabas a bailar en esas fiestas? Yo te decía que no y me disgustaba un poco. Discúlpame por eso. Y mira viejo, hablando de fiestas ¡Cómo te gustaba una guaracha, chamo!, tu música predilecta y que siempre me recordará a ti, suene donde suene. De verdad, fueron épocas familiares muy felices, los videos y fotografías que tenemos así lo demuestran.

Papi, últimamente quisiera preguntarte: ¿Cómo hacías para tener tanta energía?, despertabas cada día entre 4:00 o 5:00 de la mañana, preparabas el café, salías a caminar y buscabas el periódico (no podía faltar nunca), regresabas te hacías el desayuno y volvías a salir a hacer un sinfín de diligencias, en carro, a pie, daba igual. Casi siempre al regresar traías contigo mínimo dos bolsas inmensas que no te dejaban ni caminar bien, siempre fuiste muy exagerado e incluso te llegué a llamar “comprador compulsivo” en algunas ocasiones. Luego de refrescarte te ponías a leer las noticias sentado en el porche o en tu cuarto y esperabas que te llamáramos para almorzar, siempre puntual, siempre a las 12:00 del mediodía, y al tiempo, te ponías a ver tu programa favorito “A punto” y en los últimos años agregaste también a “Vladimir a la 1” a tu rutina televisiva, la cual llegué a conocer a la perfección. En la tarde descansabas, pero también te levantabas y matabas antojitos a escondidas (te pillé unas cuantas veces), o si no ibas a sentarte en el porche, acostarte en el sofá de la sala o simplemente tomarte un cafecito. Las noches eran para ver tv con mami y además regar las matas del porche cuando había agua.

Viejo, vos eras muy preciso con las horas, te molestabas si era la hora de salir y te pedía 5 minutitos más para arreglarme (especialmente en diciembre), eras increíblemente terco, buenísimo con los números, poseías una memoria que me impactaba, desde que me di cuenta que eras zurdo siempre me pareció raro verte escribir, aunque yo, soy ambidiestra. Una particularidad que heredé de ti es que hablabas rápido, eras demasiado buena gente, ¿Cuantas personas habrán probado tu famosa sopita dominguera? ¡Hacías un olletón que no crecía más y salías a repartir a varios de tus amigos! También, aquellos que dormían en casa después de alguna reunión tuvieron el placer de despertar y probarla, me dijeron que la extrañarían. Cuando cocinabas te quedaba todo muy sabroso, aunque no lo tuviste que hacer muchas veces. Por cierto, ya que hablamos de comida, gracias por las empanadas de cada domingo, por todas las cosas que nos traías sin que te las pidiéramos, por siempre consentirnos sin importar que habíamos dejado de ser niños hacía mucho tiempo. No tenemos ninguna queja, fuiste muy complaciente. Nunca nos regañabas, eso fue tarea de mami y convencerte de hacer/comprar algo era muy sencillo. Si te decíamos de ir a la playa íbamos, si queríamos comer pescado frito nos llevabas, era raro recibir alguna negativa de tu parte. ¿Sabes que recuerdo? En una Navidad la ansiedad hizo que despertara en plena madrugada y te conseguí sentado envolviendo los regalos, jamás voy a olvidar ese momento de entrega y amor de tu parte, para hacernos felices al despertar.

 Quizás no fuiste el padre más expresivo, pero tus detalles fueron la manera de decirnos cuánto nos querías y así lo entendimos. Gracias por los libros, por los viajes, por tu amor, tu complicidad, por enseñarme a manejar, administrar, a seleccionar las mejores frutas y vegetales, infinitas gracias por tus consejos, por tu apoyo ilimitado, por ser y estar en todos los momentos. Mis lágrimas corren, esas lágrimas son gotas de amor, el más puro que nació desde mi infancia y que durante los 32 años que compartimos se convirtió en algo incondicional. ¿Sabes algo? ¡Tus defectos quedaron en el olvido pues las cosas buenas que tenías sobresalían!. Vos eras mi mitad, mi gran compañero. Hacíamos casi todo juntos, consultabas la mayoría de las cosas conmigo, en ocasiones me dabas las directrices y yo las seguía. En este caos que es la vida (y más en este país) a pesar de todo estaba tranquila porque sabía que siempre resolveríamos, pero tranquilo papi,  me enseñaste bien,  sobretodo en este último año desde que comenzó tu convalecencia, aprendí muchísimo, me preparaste para todo, así tenía que ser. Y no solo aprendí a ser resuelta, sino que pude descubrir que por el bienestar de un padre uno lo da todo, lo hace todo sin importar nada más y no porque fuese mi deber, no viejo, eso lo hice por el amor tan grande que te tenia, así de simple. . Y por mami no te preocupes, la cuidaré tanto como te cuidé a ti. Por cierto, perdóname si te regañé mucho, espero que entendieras que solo lo hacía por tu bien, por tu salud, disculpa si fui muy dura, perdóname otra vez.

Adolfo, fuiste una persona muy querida, un gran padre, esposo, hermano, hijo y amigo. Fuiste un ser humano generoso, diligente, amistoso, impaciente, parrandero y comelón. Físicamente sé que no estás ni volverás a estar de nuevo, pero, para bien o para mal, estás en mi, pues soy idéntica a ti, como dirían por allí “no te perdí pista”. Aquí, mientras termino de redactar estas líneas y te pienso solo anhelo de corazón que si en un futuro llego a tener hijos ellos me quieran al menos una pequeña parte de lo que yo te quise y siempre te querré a ti.

Gracias por todo papi, ojalá si nos volvamos a ver. En esta o en la siguiente vida.

P.D Gracias por escoger tan hermoso nombre para mí.



2 comentarios:

  1. Vero �������� no sabes cuan identificada me sentí al leer cada una de tus líneas. Hay muchas cosas que hizo tu papá tan parecidas al mío, somos afortunadas de haber disfrutado de esos seres maravillosos que nos convirtieron en lo que hoy somos. De mi parte te envío un fuerte abrazo, tu papá ya hace un mes que partió, el mio ya hace mas de año y medio que no nos acompaña físicamente.
    Nos preparon para enfrentar las difíciles situaciones del día a día. Eres una mujer guerrera, desde que tuve la oportunidad de ser tu profesora vi que eres de decisión, eso es el reflejo de la educación recibida en casa, felicito a tus papás por la crianza que te dieron. Saludos, la vida sigue y nuestro camino es largo.

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  2. No hay palabras para un escrito tan hermoso, refleja todo el amor que sentiste por el sr adolfo, bellisimo

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